La razón de ser del scrunchy...

Tan pronto como ha sido posible he decidido cortar por lo sano.

Quiero un verano con el cogote «al fresco», porque el pelo largo hasta los hombros, cuando hace calor, me hace sentir mal y porque yo al scrunchy — o scrunchie — no me voy a doblegar.

La goma para el pelo cubierta con tela, el coletero de tela fruncida tan amado en los años 80 y 90, no quiere dejar de ser el centro de atención.

El scrunchie de Maria Pia, mi musa inspiradora.

Una tendencia vintage que ha conquistado incluso quince minutos de fama convirtiéndose en motivo de debate en un episodio de Sexo en Nueva York, cuando Berger, uno de los novios de Carrie, le regala su novela. Ella la lee con entusiasmo, pero se horroriza cuando se encuentra con el coletero de la protagonista: en Nueva York el scrunchie te lo pones para lavarte la cara por la mañana. Y punto.

Sin embargo, hay que reconocer que esta especie de escarapela hípica tiene su razón de ser: Rommy Revson la patentó en 1987 por qué estaba cansada de los accesorios clásicos con piezas de metal que le estropeaban el pelo.

El scunci — nombre que se inspira al de su caniche tiene un debut glorioso y el accesorio de tela, que se frunce y se arruga, cambia rápidamente su nombre y se convierte en scrunchie.

Conclusión. Es práctico. No es elegante. Es un poco hortera. Es probablemente uno de esos accesorios feos que eventualmente dan vueltas, se reinventan y vuelven a ponerse de moda. Y siempre hay alguien que los aprecia.

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